Un rol, un límite, una señal de terminado
Antes de preguntar cuántos asistentes de IA necesitas, escribe una ficha de cuatro líneas: entrada, salida, límite y señal de terminado. Para tu oficina.
Le pides a un asistente de IA que «se ocupe de los correos de proveedores». Una semana después te dice que está todo listo. Abres la bandeja y no sabes qué hizo: si respondió, si archivó, si dejó algo a medias. Peor: no sabes qué se suponía que tenía que hacer, porque la instrucción nunca tuvo límites acotados.

Eso es un encargo mal delimitado. Es anterior a cualquier herramienta: da igual qué asistente uses si nadie escribió qué recibe, qué entrega, qué no puede tocar y cómo vas a comprobar que terminó.
Al terminar vas a poder escribir una ficha de cuatro líneas —entrada, salida, límite y señal de terminado— que acota el encargo y te dice cómo comprobar el cierre. Esos son los cuatro pasos.
En «Qué tarea de oficina delegar primero a la IA» y en «Antes de aprender más IA, decide qué vas a dejar de hacer a mano» ya elegiste qué delegar. Aquí organizas el encargo: la ficha que lo delimita.
El contrato: cuatro líneas
Antes de preguntarte cuántos asistentes necesitas, escribe el contrato del encargo. Cabe en una hoja:
- Entrada: qué recibe y de dónde.
- Salida: qué entrega y en qué forma.
- Límite: qué no puede hacer y qué no puede tocar.
- Señal de terminado: cómo vas a comprobar que cumplió.

La idea no es nueva: quien publica cómo organiza varios asistentes suele pedir, para cada uno, un objetivo, un formato de entrega y límites claros; sin eso, el trabajo se duplica o quedan huecos [C2]. Eso describe una práctica publicada, no un estudio controlado.
La ficha es el activo. Lo demás —cuándo conviene otro asistente y cuánta autonomía darle— cuelga de esas cuatro líneas. Veamos cada una: por qué existe y hasta dónde llega.
1. Entrada: qué recibe y de dónde
Sin entrada clara, el asistente improvisa la fuente. Puede leer carpetas que no querías, mezclar correos personales con los de proveedores o inventar un origen. La entrada fija el perímetro de lectura: de dónde toma datos y, si hace falta, en qué franja.
Alcance típico: una carpeta de correo, una planilla concreta, una bandeja con etiqueta. No es «todo lo que encuentre»; es un origen nombrado.
2. Salida: qué entrega y en qué forma
Sin salida clara, «todo listo» puede ser un párrafo vago, un archivo a medias o una conversación que desaparece. La salida fija el entregable: qué objeto concreto queda y en qué formato, para que puedas abrirlo sin pedirle una explicación.
Alcance típico: una tabla con columnas definidas, un borrador en una carpeta de pendientes, una lista con fuente y fecha en cada fila. Si no puedes señalar el archivo o la fila, la salida todavía no está escrita.
3. Límite: qué no puede hacer y qué no puede tocar
Sin límite, el asistente puede responder, borrar, mover o pagar «para ayudar». El límite es la línea roja: acciones prohibidas y zonas vedadas. Sirve para contener el daño cuando la instrucción es ambigua.
Alcance típico: solo leer esa carpeta; no responder; no borrar; no mover; no pagar. Un «pregúntame antes» escrito en la instrucción es una intención. El límite real vive en los permisos de la cuenta y de las herramientas conectadas [C1].
4. Señal de terminado: cómo vas a comprobar que cumplió
Sin esta línea, «cuando esté listo» no dice nada. Una señal sirve si otra persona puede comprobarla sin preguntarle al asistente. Los equipos de producto hablan de una «definición de terminado»: una descripción formal del estado en que un resultado cumple la calidad requerida [C5]. Tomamos solo la idea de dejar escrito de antemano cómo se reconoce que algo terminó.
Señales que se pueden comprobar: «hay una copia con los cambios marcados y el original intacto»; «hay un borrador sin enviar en la carpeta de pendientes»; «cada fila de la lista tiene fuente y fecha, y tres filas al azar coinciden con el original». Señales que no sirven: «quedó bien», «ya lo revisé», «todo en orden».
Dos advertencias, con ejemplos de oficina:
- Un informe no es una tarea terminada. Si el asistente te escribe «revisé los 40 correos de facturas; todo en orden», eso es una afirmación, no una señal. La señal se comprueba abriendo la tabla y contrastando filas con los correos de origen. Quienes describen el sistema de investigación citado hacen que los agentes guarden su trabajo en un lugar externo y devuelvan solo una referencia, para que la información no se pierda al pasar de mano en mano [C6]. En la práctica: ve a la fuente, no te quedes con el resumen.
- Guardar no es verificar. Que la tabla esté en una carpeta compartida solo significa que está guardada. Si el asistente anotó mal el monto de una factura y esa cifra queda en el archivo común, el próximo resumen la repetirá con la misma seguridad. La persistencia conserva; la verdad se comprueba aparte [C8]. En la oficina: abrir tres facturas al azar y cotejarlas con la tabla no es desconfianza; es la señal de terminado.
Cuándo conviene otro asistente
Con la ficha escrita aparece otra tentación: un asistente para los correos, otro para las planillas, otro para los informes. Da sensación de orden, pero cada asistente nuevo es algo que mantener, revisar y explicar.
Un fabricante de esta tecnología recomienda buscar la solución más simple y sumar complejidad solo cuando hace falta; puede significar no armar un sistema de varios agentes, que suelen intercambiar rapidez y costo por mejor desempeño [C3]. Dividir con criterio ayuda: la unidad útil es una responsabilidad, no un nombre. Esa idea viene de un ensayo de 1972 sobre programas —no sobre IA—, y las tres razones de abajo no salen de ese texto [C4].
Nuestro criterio, entonces, es restrictivo. Separa un encargo en otro asistente solo si la ficha exige una de estas tres cosas: memoria propia, permisos distintos o reloj propio [C8].
Memoria propia. Ese encargo necesita guardar notas que ensuciarían el trabajo de otro. Piensa en tu cuaderno de pendientes personales y el expediente de un cliente: no los mezclas, porque lo que sirve en uno estorba en el otro.
Permisos distintos. Un asistente solo puede leer y otro puede además enviar o modificar. Es la diferencia entre quien consulta el archivo y quien tiene la llave. Un proyecto de seguridad de referencia en este campo señala como causas habituales de daño la funcionalidad, los permisos y la autonomía excesivos, y recomienda reducir lo que cada extensión puede hacer [C1].
Reloj propio. El encargo trabaja a otra hora o ante otro disparador. Uno revisa cada viernes; otro reacciona cuando entra un mensaje. Si no hay un reloj distinto, normalmente no hace falta otro asistente.
Si ninguna de las tres aplica, quédate con un solo asistente y dale tareas separadas, cada una con su ficha. Y una trampa: ponerle otro nombre a un asistente no le da otros permisos. La separación real vive en las cuentas y las herramientas conectadas, no en el título.
Cuánta autonomía le das
Una vez tienes la ficha, decides cuánta autonomía le das al encargo. Proponemos tres escalones, de menor a mayor riesgo [C8]:

Escalón 1: clasificar. El asistente ordena y etiqueta; no cambia nada. Si se equivoca, corriges una etiqueta.
Escalón 2: redactar un borrador. Prepara el texto, la respuesta o la tabla, y lo deja a la espera. Nada sale. Si se equivoca, no pasó nada.
Escalón 3: ejecutar, solo con tu aprobación. Envía, modifica o paga únicamente después de tu sí, y para esa acción concreta. Aquí conviene que el bloqueo exista de verdad. La recomendación de seguridad que citamos pide aprobación humana para acciones de alto impacto y que la autorización se aplique en los sistemas de destino, en lugar de confiar en que el modelo decida si algo está permitido [C1]. Dicho en llano: un «pregúntame antes» escrito en una instrucción es una intención; un permiso que la cuenta no concede es un límite.
Empieza por el escalón 1 y sube solo cuando la señal de terminado se haya cumplido varias veces sin sorpresas. Es coherente con lo que nuestra identidad pide: definir qué se delega, cómo se revisa y quién decide, y probar en un alcance acotado [C7].
Un ejemplo inventado
El caso es inventado, para que lo veas completo. Una persona coordina un pequeño equipo administrativo y quiere ayuda con las facturas de proveedores que llegan por correo.
Primero, la ficha del encargo «lectora de facturas»:
- Entrada: el correo de la carpeta «Facturas», de lunes a viernes.
- Salida: una tabla con proveedor, número, fecha y monto, y una columna «dudas».
- Límite: solo lee esa carpeta; no responde, no borra, no mueve ni paga.
- Señal de terminado: cada fila de la tabla apunta al correo de origen, y la persona abre tres filas al azar y coinciden con el original.
Después, ¿hace falta otro asistente? Revisa las tres razones contra esa ficha. Memoria propia: el registro de proveedores no debe mezclarse con sus notas personales; sí. Permisos distintos: un asistente solo lee el correo y otro prepararía el pago; sí, y por eso el pago queda fuera de esta ficha. Reloj propio: la revisión es una vez por semana; no necesita asistente aparte.
Por último, la escalera: empieza en el escalón 1 (clasificar). Si tras varias semanas la tabla coincide, puede pasar al escalón 2 (preparar un borrador de consulta al proveedor, sin enviarlo). El pago, que es el escalón 3, sigue siendo siempre una decisión tuya, con tu aprobación.
Nada de esto es real.
Dónde termina la evidencia
Las fuentes respaldan ideas sueltas: el riesgo de los permisos y la autonomía excesivos [C1], los encargos con límites claros [C2], no complicar de más [C3], dividir con criterio [C4] y definir el terminado de antemano [C5]. No existe un estudio que pruebe que estas tres razones sean las únicas, ni que la combinación completa reduzca errores o ahorre tiempo. Es una propuesta de clarita stack., y se valida con una prueba pequeña tuya, no con una creencia [C8].
Ahora escribe la ficha y comprueba el cierre
Elige un encargo de bajo riesgo que hoy tengas medio delegado, o que estés pensando delegar. Luego:
- Escribe la entrada: de dónde toma datos.
- Escribe la salida: qué entrega y en qué forma.
- Escribe el límite: qué no puede hacer ni tocar.
- Escribe la señal de terminado: cómo vas a comprobarlo sin preguntarle al asistente.
Con esa ficha delante, revisa si de verdad necesita otro asistente: memoria, permisos o reloj propios. Si ninguna aplica, déjalo como una tarea más del mismo asistente. Elige el escalón 1, haz una prueba corta y comprueba tú mismo la señal. Si no se pudo comprobar, la ficha todavía no estaba lista: ajusta la señal, repite, y recién entonces decide si mantienes el encargo, lo ajustas o lo retiras.
Por Carlos · clarita stack.
Fuentes
- [C1] OWASP GenAI Security Project, LLM06:2025 Excessive Agency (2025). https://genai.owasp.org/llmrisk/llm062025-excessive-agency/
- [C2] Anthropic Engineering, How we built our multi-agent research system (2025). https://www.anthropic.com/engineering/built-multi-agent-research-system
- [C3] Anthropic, Building effective agents (2024). https://www.anthropic.com/research/building-effective-agents
- [C4] D. L. Parnas, On the Criteria To Be Used in Decomposing Systems into Modules, Communications of the ACM 15(12) (1972). https://www.cs.colostate.edu/~france/CS314/Readings/Parnas-decomposition.pdf
- [C5] K. Schwaber y J. Sutherland, The 2020 Scrum Guide (2020). https://scrumguides.org/scrum-guide.html
- [C6] Anthropic Engineering, How we built our multi-agent research system (2025), mismo artículo que C2. https://www.anthropic.com/engineering/built-multi-agent-research-system
- [C7] clarita stack., documento interno de identidad institucional (2026); fuente interna, sin enlace público.
- [C8] clarita stack., inferencia editorial (2026): el criterio de las tres razones, la ficha de cuatro líneas y la escalera de autonomía son una propuesta, no un método probado.